A la mañana siguiente despertó en una cabaña. La cama era algo más incómoda y vieja que la de su antigua habitación. Fuera se oían voces y gritos de niños. Entendió enseguida: ya estaba en el pueblo de los híbridos.
Salió de la casa con cuidado e intentó parecer desapercibido. Inútil. Enseguida más de treinta personas se acercaron a su puerta e intentaron presentarse todos a la vez. La gente de repente se ordenó y una mujer de unos sesenta años, pelo canoso y brillantes ojos del color de la miel se acercó lenta pero decidida a Billy y le dijo:
-¡Hola! Bienvenido a nuestro pequeño “país”.
Billy no estaba muy seguro de lo que tenía que hacer, contestaba, sonreía o ¿contestaba y sonreía? Al final, con voz temblorosa, respondió.
-Ho…Hola, gracias, creo.
-Acompáñame. Sé que tienes muchas preguntas, y yo tengo las respuestas.
A Billy le temblaban las piernas, estaba extremadamente nervioso. Todos aquellos eran cómo él. No sabía cómo le iban a tratar, no sabía si su presencia les ilusionaba o les molestaba…
-Primero déjame que me presente.-Hablaba pausadamente, pero se notaba que sabía lo que quería decir.- Me llamo Anastasia, pese a mi imagen, tengo 42 años. Aquí todos sabemos todo de ti, de dónde vienes, tu edad, tu nombre, todo. Simplemente tienes que esperar a que se presenten ellos. Cada uno de nosotros somos “almas conjuntas”, híbridos como tú.
Hizo una pequeña pausa y prosiguió.
-Tenemos unas normas, te las diría, pero lo mejor será que las aprendas tú. No se te tomará en cuenta, tranquilo. Sigue mi lema, aprende por ti mismo rápido o lento, me es indiferente. Cualquier duda ven aquí y yo te la responderé encantada.
Billy salió de allí, desde la balaustrada observó el poblado. Cientos de personas eran felices allí. Tenían su familia, su trabajo, su hogar, y estaban cómodos de esta manera. Lo intentaría, se adaptaría, sería feliz.
Caminó decidido a su cabaña, cuando…
-¡¡¡Ay!!!
Una pequeña de dulce y femeninas curvas se había chocado con su dura capa de “híbrido”.
Billy se fijó en ella, tenía unos delicados rasgos felinos, le gustó.
-Perdón, no te vi. Deja que te ayude a levantarte.
-Gracias…
-¿Te acompaño a tu casa? Si quieres claro…
-¡Sí! Digo, bueno, si no te importa… Soy Amor, y tú eres Billy, encantada.
Amor le sonrió delicadamente y dejó asomar unos pequeños colmillos de gato. Billy pensó que era bella y se imaginó de repente su vida junto a ella...
No hay comentarios:
Publicar un comentario