…Maletas.
Maletas y más maletas llenas de todas mis cosas. No sabía si enfadarme,
enfadarme mucho, o enfadarme demasiado. No sabía si mi madre tenía la intención
de hacerme abandonar mi casa durante una semana, un mes, o, lo más horrible:
SIEMPRE. Siempre. La palabra resonó en mi cabeza como un disparo en la sien.
-¡No te
concentres más en tus amigos imaginarios y ayúdame a terminar de recoger Elena!
–dijo mamá en un tono bastante sarcástico.
-¡Mamá! -grité
a pesar de que estuviese a mi lado- ¿qué es todo esto?
-Nos
vamos de viaje mi amor.
-Que no
sea un viaje familiar, que no sea un viaje familiar, que no sea un viaje
familiar… -susurré.
-Y,
adivina qué: ¡Es un viaje familiar!
La miré,
sabe perfectamente que no me gustan los viajes, y menos los familiares.
Suspiré, bajé la mirada y de repente me acordé de cuantísimos viajes hice con Carmen
cuando éramos pequeñas. En su noveno cumpleaños pasamos horas y horas vomitando
después de marearnos en la Warner. Lo recordaba con cariño, como quién recuerda
a un familiar fallecido…
-¿Qué ha
ocurrido hoy en el insti?
Mamá, sí,
ella siempre sabía cuando me pasaba algo, cuando mis pensamientos me llevaban a
otro lugar y me hacían perderme en ratos pasados.
-Cariño,
¿estás bien? Sabes que puedes contarme cualquier cosa. –me dijo mientras me
miraba con sus enormes ojos oscuros. Mamá es muy guapa, tiene unos ojos negros
que con sólo mirarlos sabes si miente o dice la verdad, son la puerta a su
alma, tiene una melena preciosa castaña oscura. Su pelo es tan lacio que al
tocarlo parece seda.
A veces
pienso que soy adoptada, yo tengo los ojos claros y el pelo extremadamente
rizado.
Me decidí
a contestarla, la quiero demasiado para vencerme por mi orgullo y no
contestarla:
-Bueno,
han sido los recuerdos más la realidad…
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